jueves, 25 de septiembre de 2008

Parto compartido I: Un mal día hecho de años

Yo también nací aquí, y permanezco

en la eterna habitación oscura,

aúllo, grito, gimo, desespero,

roto por dentro, malnacido.

Yo también camino, como Escribá,

pero en el otro sentido.

Autarquía afectiva, sin dolor, sin amor,

un parto lagrimoso y solitario.

Yo también quise, un día, ser amado,

admirado, querido, respetado.

no morir por mis hijos, vivir en ellos,

mirar y reflejarme en tu mirada;

que la vida, tan dura,

doliese un poco menos;

todo el amor del mundo

sería mi regalo;

todo el amor del mundo

esperaba de ti,

y en exclusiva.

Y cosas más prosaicas:

coche, casa y un perro.

Ahora no tengo nada,

ni padres, ni querencias

ni el saber del filósofo

que sabe que no sabe

ni el saber del filólogo

que confía en las letras,

ni el saber del teósofo

que habla con Dios y ríe,

ni el saber matemático

de dos y dos son cuatro.

Fuiste mi antídoto

contra el vacío.

Y, una vez, creí estar lleno,

de pura paz y amor.

Lleno de ti.

Yo tan maltratador, y tú te fuiste.

El vacío de mi vida,

que así es, será y fue,

no lo colmará ya ningún amor,

ni semen, ni saber, ni otras victorias,

Por eso, un muerto en vida, gris

como el más negro de los blancos,

viviré entre recuerdos polvorientos,

errando sin perdón ni brújula,

incapaz de ser o de hacer felicidad.

© by I.M.C.

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