viernes, 5 de septiembre de 2008

Las cosas del querer

El acto volitivo no desea,

no monta ensoñaciones de alquimista,

ni compra del lotero papeletas,

ni desdibuja presas aleatorias.

El acto volitivo sólo quiere

no admite dispersión ni otros quereres.

El acto volitivo es energía

que brinca en el origen hasta un fin

que corona y agota voluntario.

La lista de la compra de la vida

debe, pues, escribirse con cuidado

y elegir qué evitar y qué comprar:

transgénicos, coléricos, mentiras,

comandos, teleféricos, efugios,

controles del remoto desencanto,

amor, saber, abrazos, dignidad,

luz, paz, vida, verdad, felicidad.

El menú es tan abierto como el cielo

platos de autoservicio en bufet libre,

si bien cada cual pone precio vario

y escoge restaurante, calle o bar,

guiso de sibarita o rapidez,

cocina a fuego lento u olla exprés.

Algunos por momentos van perdidos

entre tantas opciones y abanicos,

unos prefieren votos delegar

otro guardan silencio todo el tiempo,

otros, menos quizás, piensan y actúan

condenados por masas rezongonas,

absueltos del temor a libertad

gracias a mano propia y a luchar.

El acto volitivo lanza cañas,

pertechos de un anzuelo bien selecto,

en estanque concreto y meditado

en busca del espécimen más raro,

nada tiene que ver con una red

que apresa sin criterio cien medianos

peces de medianía empecinada.

El acto volitivo pone miras,

encañona el futuro con mirilla

y lanza hacia el mañana su disparo

con pólvora, con ganas, con deber,

con búsqueda, con ansia, con esfuerzo.

El acto volitivo, (del latín volo)

significa querer, también volar.

Así vuela en noosfera voluntad,

las alas, reactores, el pasaje

elige su piloto o capitán.

La sola condición de voluntad

reside en la exclusiva de su empuje,

no admite más pasaje que un objeto,

objetivo, consciente, bien dispuesto.

El querer que despega sin apego

camina sin escalas al destino.

© by I.M.C.

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