martes, 14 de diciembre de 2010

Recordando Barcelona: volver sin la frente marchita

Nada importan el frío
o la sombra apropiada
que sin sol se proyectan
en días sin luz ni dios,
donde impera gris nieve.
Tampoco importa que el agua
salga con gotas contadas,
o que no haya discotecas.
El problema es descubrir
que en esta tierra no existe
la alegría de vivir
y que quedarse es perder
las ansias de ser feliz.
No compran todos los euros
un corazón saltarín,
ni compran más tiempo, muerto,
las manos abrazaderas,
las manos abrazadoras,
ni compran, maldita sea,
reposos de cafetera
futuros sin sonreír.
Prefiero ser menos rico
y gritar, en una plaza,
sin que se abran las ventanas,
y salir, sobre la una,
sabedor, toda la noche,
de que la tarima es mía.
Prefiero poder llamar,
sin teléfono ni skype,
dar una voz y ya está:
se presentan los amigos,
los que tocan, los que sienten,
los que sonríen, se pierden,
los que se encuentran y vuelven.

© by I.M.C.

martes, 30 de noviembre de 2010

De brevitate uitae (Carlos Berlanga)

Un soplo de amor fugaz,
un hacer de luz, un haz,
un destello en noche oscura,
el alma de un don (san) Juan.
Fue tu destino morir
apurando en el intento
las heces del vino negro,
zumo de entraña podrida,
apurado en el intento
por el ansia de lo eterno.
Cada sorbo te llevaba
más cerca de lo inefable,
y más lejos de la vida
que rozaste con lo dedos,
que aferrabas con las manos.
Tus embates conducían
a depósitos galácticos
que en placer se diseminan.
En cada cuerpo buscaste
la belleza de las mentes
expresada entre las carnes.
Si da lo mismo no da
dando o dejándose dar:
cada entrega es un regalo;
cada regalo, lo más.
Viviste de lleno el siglo,
alcanzaste su mitad.
Más vale un gemido intenso
que un estertor sin final.

© by I.M.C.

sábado, 23 de octubre de 2010

Vacío

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(Y yo en medio, y yo en medio)

































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© by I.M.C.

rememoratio oblivionis

Las gotas de la clepsidra,
segunderas, se deslizan;
en la frente, toboganes
curvas, arrugas, estrías.
en la frente, encanecida,
el hollín de la ceniza.
Nada queda del esplendor caliente,
que alumbró, de golpe, las regiones
del otrora imperial mundo divino:
henchido de una luz, sin par, sin cese,
supo escribir del gozo los renglones.
Todo se marchitó en recuerdo-olvido.
Desde entonces protesta el vil demiurgo,
prostático, protésico, quirúrgico,
al ser presa rendida de ansia lenta,
como la del que goza orgasmo ajeno,
pues quiere repetir hitos perfectos,
pero infinitamente falta tiempo.
En su cedazo secreto,
aparato de criba fementida,
mezcla de razón y ensueño,
el escombro del pasado,
la chatarra de los días,
las heces sin vino viejo,
el orín a contraviento
se convierten, por el filtro,
en piedra filosofal
en alquímico metal
en crístico merendar
(bocadillo de maná),
en oro de buen quilate.
El corazón enloquece,
cuando empieza a bombear,
si algún día lo pensase,
decidiría parar.
El corazón se construye
una atalaya al antaño,
un torreón contra muerte,
un lugar donde la vida
aún se sentía fuerte.
Hecho de niebla y mentira,
de lo que no pudo ser,
de lo que quisiste fuera,
el recuerdo te consuela.

© by I.M.C.


domingo, 22 de agosto de 2010

La luz del norte

La luz del norte, que lleva
hacia rocío, calima,
tiene la ventaja, sana,
de ser faro en la deriva.
La luz del norte ilumnia
los chaflaones, las esquinas,
los senderos andariegos,
los rincones para besos.
La luz del norte, que siento,
susurra, con soplo fresco,
obviedades o secretos,
noticias, hechos, rumores.
La luz del norte, sin soles,
madruga por la mañana,
mas se acuesta a hora temprana
en un lecho de nostalgia.
La luz del norte, te falta,
como sobra la añoranza
que sientes por la mirada,
que sientes por la fragancia.
La luz del norte se sacia,
al hendir sablazo lúcido,
sajador de sueños pútridos,
en los ojos y persianas.

¿Dónde estás, oh luz del norte?
¿Dónde estás, dulce mirada?
¿Dónde estáis, soles, fragancias?

Muertos en la oscuridad,
vivos en nuevo mañana.

© by I.M.C.

Pater noster


No importan las fechorías,

ni la lejanía inmunda,

ni los alambres de espino,

de desamor y de olvido,

ni las cicatrices viejas,

ni las heriditas nuevas,

nada importa en el instante,

en que soñamos, pequeños,

un mundo virgen, distinto,

de ficción autenticada,

de autenticidad fingida.

Entonces cobra sentido,

lo ganado en lo perdido,

y podemos olvidar

lo dejado en el camino,

y podemos olvidar

la puta caja de pino.

Descubrimos continentes

de contenido distinto,

con sus golfos y sus cabos,

con sus curvas, con sus grutas,

con el agua que penetre,

oleadas que refrescan

la blancura de salobre.

Si bien el tiempo no para,

que no lo detienen, nunca,

las instancias alemanas,

el descuido bananero,

la magia de abracadabra,

los segundos que así pasan,

tienen sabor distinguido

cóctel de agraz y cariño.

En ese mundo soñado

copula cielo con tierra

y al aguzar el oído

se oye un jadeo divino,

música de las estrellas.

Los seres nacen de amor,

en santa lubricidad

sin pecado concebidos,

Besos son pan cotidiano,

si bien Dios no interviene

en su pasional dación.

Cierro los ojos y veo,

el altar de mis anhelos,

Veo los ojos y cierro

en abrazo lo que quiero.


© by I.M.C.

viernes, 20 de agosto de 2010

Estival frío teutónico

Sobre el silencio reina un reloj nuevo,
que marca los segundos, lo primero,
luego van los minutos, horas muertas,
entonces te despiertas, con nocturna
curiosidad de zombie que transita
por las horas del sueño sin ensueño,
preguntando: "¿por qué?, o bien, "¿cui bono?".
No sabes responder a ciencia muerta,
ni puedes aportar vivencia cierta.
Hoy sigues, por cojones, coleando
y vivito de profe en tierra extraña,
donde el vulgo programa sus afectos,
donde el culto desprecia las entrañas,
donde el calor se paga, radiador,
donde verano nombra lluvia tibia,
donde pasión parece desafuero.
Cierra los ojos, siente, vive, corre,
no perfore tu piel esa amargura
poco sublime, necia, sin altura.
Sigue buscando puertos, curvas, dunas,
recodos de dulzura, sabrosuras.
Morirás, a fe mía, pero vivo.

© by I.M.C.