domingo, 31 de mayo de 2009

Existir ¿todavía?

¡Nada, nada!
¡Nada, nada!
¡Todo, todo!
¡Todo, todo!
¡Tiempo, tiempo!
¡Tiempo, tiempo!
¡Y yo en medio,
y yo en medio!

© by I.M.C.

El precio de un poema

Hacer poesía a kilos,
como trapero barato,
parece tarea fácil,
juego de tedio y regalo,
pero se requieren manos,
pero se requieren mano:
unas manos solitarias,
que persigan distraídas
palabros y palabrillas,
sentimientos sin cuartilla,
que acaricien sudorosas
la piel áspera de un lápiz,
en vez de adentrarse en muslos,
más tiernos que gelatina,
de dureza diamantina,
estrechos como una mina.
El precio del orgasmo literario,
a veces gatillazo, a qué negarlo,
asciende a descendencia no encargada,
a feto que se aborta en el camastro,
al reclamar la hembra espaldarazos
que con gusto daría todo macho,
y recibir respuesta de rechazo.
Escriba imperativo del adentro,
dictado sin dechado de lo oculto,
obliga a no yacer por poesía,
parentética vuelve ansia canina,
mientras las musas vuelan, dolorosas,
con la vaina ofendida pero intancta.

© by I.M.C.

Recuperar la voz

Di versos diversos
a quien los pidió,
tanto di que luego
mi voz se apagó.
Me quedé sin voz,
me quedé sin voz.
Afónico, seco,
ciego, mudo, ¡no!
Blandamente cae
sirimiri salado,
pezcuezo en mi orvallo.
El agua remoja
mi garganta seca
deshaciendo el nudo
de mis entretelas,
vocales, bucales
nuevas cuerdas pueblan.
La saliva ajena,
servida con lengua,
me inflama, me quema,
escupo palabras
como un lanzallamas:
cuánto es mi contento,
qué gozo en mis saltos,
espíritu de vino,
espíritu divino,
sirvo de mi cántaro.

© by I.M.C.

Morse de besos

No soy profesor de nada,
vivo de enseñar ensueños,
que me persiguen insomnes
en las noches sin mañana.
Esta tarde, sin embargo,
esta tarde tengo ganas,
de darte lecciones largas
de cosas casi olvidadas.
Dibújame en tu cuerpo cien renglones,
una guía imperdible,
un gran circuito,
deja que saque punta a lengua-pluma
y que te dicte lento versos vivos,
en un lenguaje ciego pero tierno:
el morse de mis besos en tu cuello.

© by I.M.C.

Partos de soledad

En un vaso sin fondo, sin retorno,

caen gotas de silencio que no impactan

en superficie hollada por humanos.

Un bufido escultor cincela gérmenes

al saco de bacterias avenidas,

convivientes atónitas en cuerpo.

Las curvas y las rectas de la carne

guardan la proporción del oro blanco,

un aleteo griego milimétrico.

Los pensamiento vuelan al vacío,

batiendo y rebatiendo blancas alas,

ingrávidas gravídicas, absortas.

El soplo de los verbos encarrilla

las ansias devorantes de la nada,

carnívoras, omnímodas, letales.

Crisol, edad tardía, de tristeza,

alquimista paciente busca piedras

que lapiden el odio a la inocencia.

La distancia entre dos átomos

se refleja con la flecha

(Zenón de Elea lo enseña):

esa distancia es eterna,

¡es eterna!

¡eterna!

como la muerte y la guerra,

y los verbos son las soga,

trenzada con tela lenta,

que cautivará tu lengua.

Penetrarán en tu oído

con la fuerza de la piedra:
sordera pedirás al violador,

al que escupe palabras en tu oreja,

a quien se adentra en ti, sin que lo quieras,

a quien te hiela el alma, aun a sabiendas.

Y todo callará.

Encinta del dolor, iluminada,

despertarás después, luz de mis sueños,

transida del dolor, pero fecunda,

antojosa, apetente comerás

espuma de mañana anaranjada.

Parirás a un gigante enardecido,

parirás a un enano resignado.

Entonces serás libre.

Entonces serás madre.

Comprenderás, por fin,

la tristeza infinita del amante,

cuando choca y no funde los anhelos,

pues tuviste en tu seno vida toda,

que cesó de ser tuya por cesárea.

Estamos siempre solos,

de psiquiátrico,

migas en la panera, desencanto.

Despiérteme de este sueño,

loco, tonto, malo, bueno

el Cristo que lo fundó,

o su amigo Calderón,

Dios es per negationem, dirá el sabio.

ignaros de su existencia, vivamos

mientras tanto,

que no es poco,

vivamos atque amemus, por un día.



© by I.M.C.

jueves, 23 de abril de 2009

Übung

De tanto soñar despierto
de verdades soñoliento,
quisiera cerrar los ojos
que siempre los tengo abiertos.
De tanto callar sereno,
anquilosado por dentro,
quisiera cantar a coro
cantos de amor y deshielo.
Regresar del retiro voluntario,
pensar por un momento una palabra,
adivinar efectos paradójicos
labrados en sonido y en afecto,
creer, por un segundo, que es posible
retorcer las palabras a mandobles
para decir lo nuevo con lo antiguo.
Luego realidad rauda resitúa
los afanes dispersos del filólogo,
lo pone de un sopapo cotidiano
entre el vulgo que vive a dentelladas,
como peón de escaques sin cerebro,
como sota de bastos y gañanes.
Socrático silencio desvirgar
exige un empujón y algún olvido
y la vana creencia en el discurso
que el berbiquí de verbos ya trepana
en la lengua que sangra y el cerebro.

© by I.M.C.

Se men sube a la cabeza / Pajas mentales

Las estancias vacías, corazón,

permanecen, arrullan al silencio;

el polvo de las huellas de otros tiempos

tizna suelos intactos, nuevos virgos.

Los huecos del recuerdo llenan ecos,

el soplo de la brisa enmohecida

lagrimea sereno en los rincones.

Las tardes sin Teresa pasan lentas,

sin mística, sin verbos, con nostalgia,

las tarde sin Teamo resucitan

la muerte que albergaba el neonato.

La soledad del sol sí tiene brillo,

la soledad del yo pone un cuchillo

al cuello del que gime ante la espada

que media entre pared, aorta y nada.

El tedio de vivir sin chute en vena,

la observación doliente de lo amargo,

el reloj con la arena y arañazos,

se cura, transitorio, con ensalmos,

al conceder la vida santo olvido,

cuando del rabo Venus saca esputos,

soñados o de carne, eso no importa,

cuando solloza y tiembla un cuerpo extraño,

pidiendo que lo maten a embestidas,

cuando la lluvia cae pesada y tierna

sobre dos paseantes de la mano,

que se miran y pintan futuro

hecho de días largos o de cielos,

según les corresponda tanda en Parca,

que los hay sin más meses que un enano,

que los hay más años que un gran árbol.

Añorar la tenencia de querencia,

desquerer en la ausencia quitaesencias,

morir, vivir, amar, tener paciencia.

Ay mujer,ay mujer, siempre estoy triste,

siempre estoy triste, ay, mujer, mujer.

No finjo con esbozo una sonrisa,

prefiero el escozor en el pescuezo,

intuición sublime de guadaña.


© by I.M.C.