¡Nada, nada!
¡Todo, todo!
¡Todo, todo!
¡Tiempo, tiempo!
¡Tiempo, tiempo!
¡Y yo en medio,
y yo en medio!
Una ventana de bytes a la poesía [ALL RIGHTS - AND WRONGS - RESERVED]
En un vaso sin fondo, sin retorno,
caen gotas de silencio que no impactan
en superficie hollada por humanos.
Un bufido escultor cincela gérmenes
al saco de bacterias avenidas,
convivientes atónitas en cuerpo.
Las curvas y las rectas de la carne
guardan la proporción del oro blanco,
un aleteo griego milimétrico.
Los pensamiento vuelan al vacío,
batiendo y rebatiendo blancas alas,
ingrávidas gravídicas, absortas.
El soplo de los verbos encarrilla
las ansias devorantes de la nada,
carnívoras, omnímodas, letales.
Crisol, edad tardía, de tristeza,
alquimista paciente busca piedras
que lapiden el odio a la inocencia.
La distancia entre dos átomos
se refleja con la flecha
(Zenón de Elea lo enseña):
esa distancia es eterna,
¡es eterna!
¡eterna!
como la muerte y la guerra,
y los verbos son las soga,
trenzada con tela lenta,
que cautivará tu lengua.
Penetrarán en tu oído
con la fuerza de la piedra:
sordera pedirás al violador,
al que escupe palabras en tu oreja,
a quien se adentra en ti, sin que lo quieras,
a quien te hiela el alma, aun a sabiendas.
Y todo callará.
Encinta del dolor, iluminada,
despertarás después, luz de mis sueños,
transida del dolor, pero fecunda,
antojosa, apetente comerás
espuma de mañana anaranjada.
Parirás a un gigante enardecido,
parirás a un enano resignado.
Entonces serás libre.
Entonces serás madre.
Comprenderás, por fin,
la tristeza infinita del amante,
cuando choca y no funde los anhelos,
pues tuviste en tu seno vida toda,
que cesó de ser tuya por cesárea.
Estamos siempre solos,
de psiquiátrico,
migas en la panera, desencanto.
Despiérteme de este sueño,
loco, tonto, malo, bueno
el Cristo que lo fundó,
o su amigo Calderón,
Dios es per negationem, dirá el sabio.
ignaros de su existencia, vivamos
mientras tanto,
que no es poco,
vivamos atque amemus, por un día.
Las estancias vacías, corazón,
permanecen, arrullan al silencio;
el polvo de las huellas de otros tiempos
tizna suelos intactos, nuevos virgos.
Los huecos del recuerdo llenan ecos,
el soplo de la brisa enmohecida
lagrimea sereno en los rincones.
Las tardes sin Teresa pasan lentas,
sin mística, sin verbos, con nostalgia,
las tarde sin Teamo resucitan
la muerte que albergaba el neonato.
La soledad del sol sí tiene brillo,
la soledad del yo pone un cuchillo
al cuello del que gime ante la espada
que media entre pared, aorta y nada.
El tedio de vivir sin chute en vena,
la observación doliente de lo amargo,
el reloj con la arena y arañazos,
se cura, transitorio, con ensalmos,
al conceder la vida santo olvido,
cuando del rabo Venus saca esputos,
soñados o de carne, eso no importa,
cuando solloza y tiembla un cuerpo extraño,
pidiendo que lo maten a embestidas,
cuando la lluvia cae pesada y tierna
sobre dos paseantes de la mano,
que se miran y pintan futuro
hecho de días largos o de cielos,
según les corresponda tanda en Parca,
que los hay sin más meses que un enano,
que los hay más años que un gran árbol.
Añorar la tenencia de querencia,
desquerer en la ausencia quitaesencias,
morir, vivir, amar, tener paciencia.
Ay mujer,ay mujer, siempre estoy triste,
siempre estoy triste, ay, mujer, mujer.
No finjo con esbozo una sonrisa,
prefiero el escozor en el pescuezo,
intuición sublime de guadaña.