Di versos diversos a quien los pidió, tanto di que luego mi voz se apagó. Me quedé sin voz, me quedé sin voz. Afónico, seco, ciego, mudo, ¡no! Blandamente cae sirimiri salado, pezcuezo en mi orvallo. El agua remoja mi garganta seca deshaciendo el nudo de mis entretelas, vocales, bucales nuevas cuerdas pueblan. La saliva ajena, servida con lengua, me inflama, me quema, escupo palabras como un lanzallamas: cuánto es mi contento, qué gozo en mis saltos, espíritu de vino, espíritu divino, sirvo de mi cántaro.
No soy profesor de nada, vivo de enseñar ensueños, que me persiguen insomnes en las noches sin mañana. Esta tarde, sin embargo, esta tarde tengo ganas, de darte lecciones largas de cosas casi olvidadas. Dibújame en tu cuerpo cien renglones, una guía imperdible, un gran circuito, deja que saque punta a lengua-pluma y que te dicte lento versos vivos, en un lenguaje ciego pero tierno: el morse de mis besos en tu cuello.
De tanto soñar despierto de verdades soñoliento, quisiera cerrar los ojos que siempre los tengo abiertos. De tanto callar sereno, anquilosado por dentro, quisiera cantar a coro cantos de amor y deshielo. Regresar del retiro voluntario, pensar por un momento una palabra, adivinar efectos paradójicos labrados en sonido y en afecto, creer, por un segundo, que es posible retorcer las palabras a mandobles para decir lo nuevo con lo antiguo. Luego realidad rauda resitúa los afanes dispersos del filólogo, lo pone de un sopapo cotidiano entre el vulgo que vive a dentelladas, como peón de escaques sin cerebro, como sota de bastos y gañanes. Socrático silencio desvirgar exige un empujón y algún olvido y la vana creencia en el discurso que el berbiquí de verbos ya trepana en la lengua que sangra y el cerebro.
acompaña a tus nostalgias, ansias de volver a casa. Tus alegrías de bits suenan como un llanto eléctrico. Esperas en tu perfil Encontrar a un ser humano que sepa lo que es sentir, pero te fallan las manos por la artrosis de teclado, por tu frío enajenado. Esperas una respuesta a tu correo masivo de personas encarnadas: Alguien cuya alegría no te hiera, que sepa compartir media sonrisa, con azúcar de caña entre dos lágrimas, junto a dos hostias fuertes y saladas. Disuélvete entre sueños, muérete. Renace en la mañana como un fénix, olvida lo que sabes cada día, nada en caricias frescas de lechuga, sumérgete en azules primaveras, y no pierdas la carne que no comes, la carne viva y tersa que te abraza, la carne viva y dulce que te muerde.