lunes, 6 de octubre de 2008

Compost amatorio renacentista


El sol de mi corazón
se apagó como bombilla,
tú eras la electricidad
pero yo no lo sabía.
¡Tantas cosas hice mal,
tantas cosas en un día!
Y tú tienes tantas penas
como segundos la vida,
pero sacudes tus lágrimas
como pulgas mortecinas;
y vuelves a estar contenta
y vuelves a estar con vida,
olvidas la pesadilla
recobrando la alegría.
Yo ya no te importo nada,
ríes, respiras, caminas,
eres libre, sin cadenas,
Y tu corazón florece
como una rosa temprana
que se nutre, aunque no quiera,
del estiércol de mi alma.
© by I.M.C.

Dolor relativo


Mi parto de soledad
me susurra en los oídos
que estoy, por dentro, partido.
El mar de mis sentimientos
tiene por fuera oleaje
y en el fondo hielo quieto.
Mis quejas parecen vanas
y son, más bien, un lamento
del niño que estando sano
Llora porque no es perfecto
(dice que no lo quisieron).
Más rotos están de veras
quienes de verdad se fueron
y no escribieron poemas:
todos los cuerpos inertes
que se murieron de hambre
que se murieron de pena
que se murieron de guerra
que se murieron de muerte.
¡Qué caprichosas mis lágrimas!,
de pura tinta armoniosa,
de filosofía yerta
mientras otros mueren vidas
que ni el Diablo quisiera.
© by I.M.C.

El sabor de vuestras lágrimas


La suma de moléculas acuosas

agregada a algún sódico cloruro

emerge cuesta abajo en lacrimal.

La conmoción deviene paroxismo

de afecto, de emoción, de sentimiento;

la alegría que explota, la tristeza;

túbulos delicados dan cabida

al galope del aliento superado.

Cualquier momento es bueno para el llanto:

responde con nobleza del esteta

al culmen del sublime simulacro

pintado en la poética de un cuadro;

responde con vigor reflexionado,

pulido por el sable de la ética,

a injusticia, dolor, maldad, espanto,

sufridos en el prójimo cercano,

bailados con baqueta en tambor propio;

responde con la urgencia del impulso

a los palos antiguos, viejas pústulas;
grita con la humildad del endiosado

que un pelo consiguió tocar con dedos

de la dicha inefable, inaprensible.

Tu pectoral albergue da cobijo

todavía a su huésped coronario;

tu cerebral albergue da cobijo

todavía a su huésped con sesera,

que por sentidos sabe, se cerciora,

y razona palabra junto a acción.

Cualquier momento es bueno para el llanto,

pero prefieres, creo, tibias lágrimas

que derrama quien roza la victoria,

quien rinde, en rendición, al cuerpo amigo,

que amasa con caricias ambrosías,

que ordeña con la lengua quintaesencias.


© by I.M.C.

domingo, 5 de octubre de 2008

La vida del péndulo

Sí, no, sí, no, sino, si no

sabes lo que quieres,

reniega de afirmaciones

y de negativas tontas;

persigue tu destino sin descanso,

consigue condiciones de verdad;

tu remolino de cierzo

te encapota las luciérnagas

escondidas tras los párpados;

restriega bien tus ojos, alumbrados,

límpialos de arenillas nefropáticas;

orea tus jamones al buen viento

que arranca a la veleta del tejado.

Sí, sabes siempre qué deseas,

lo que domina tu alma, la subyaga,

lo que el cuerpo te llena y te vacía;

no quieres que el placer acabe nunca,

prefieres con justicia finar tú;

no quieres un querer de pacotilla,

de rifa o lotería en discoteca,

de dos piernas abiertas, mal triángulo,

porque te entrega un hueco y cierra el otro,

donde esconde con llave sus secretos.

Ni ignoras ni conoces lo prescrito,

ni ignoras ni conoces libertad,

trazas líneas de presente

como escribiente viviente;

entregadas ya las cartas

por crupier desbarajuste,

te juegas fuego con hielo,

satisfaces requisitos

para seguir existiendo;

sigue preguntando al cielo

sigue consultando a infierno,

pues se ocultan entrambos en tu pecho.

© by I.M.C.

Trasplante a corazón despierto

Dame de tu piel un cacho;

de tus músculos, un trozo;

quiero de tu sangre un chorro;

de tus impulsos eléctricos,

dame una descarga y tiembla.

Cirujana de amor reparadora,

reconstruye con besos de costura

la bomba que me explote consanguínea,

que salga de mi cuerpo dando saltos;

injerta con tus manos carne tuya

en mi sombra podrida, casi muerta,

devuélveme la vida en arrebato;

regálame un latido resonante

que llene cavidades olvidadas.

Rasgadura irreparable

de animal eviscerado,

cuando abrí mi corazón

me lo partieron por dentro,

tras arrancarlo de cuajo

con un gesto de desprecio.

No queda cordialidad,

no quedan corazonadas,

tan sólo viento en el pecho:

me parezco a la manzana,

descorazonada en centro.

Rehaz tú, seas quien seas,

el órgano del bombeo

para que llegue la sangre

a mi polla y mi cerebro.

© by I.M.C.

Amor y verdad

Trae un susurro el viento aterrador:

la voz del caminante solitario,

que recorre arideces saharianas

clamando por caricias más humanas

que el beso del chacal o de la hiena.

Reciben sus palabras sólo un eco,

el eco sibilante de los vientos,

como el tajo veloz de un hacha nueva,

que no parte ni ramas ni madera,

mas decapita el alma silenciosa.

La voz del que nos llama en el desierto

no conoce otras bocas ni otros verbos.

Buscador incansable de un oasis,

se abraza, de momento, con el sol,

y apaga con sudor su propia sed;

desespera impaciente por dos cosas

que existen intangibles, imposibles,

que calman, cuando duelen, el dolor;

las dos cosas más grandes, desde siempre:

las múltiples vertientes del amor,

y el bicho escurridizo, la verdad.

Sólo por esos dos vale la pena

arriesgar el pellejo hasta la muerte,

jugarse en cada apuesta el corazón.

Otros buscan placer, otros a Dios,

otros viven sin huella, sin esencia,

poquísimos persiguen su razón.

© by I.M.C.

Voz poética

La soledad marfileña

sube por torres babélicas

en que el sabio trenza versos

con perlas de varias lenguas

recogidas en las leguas

de caminos sudorosos.

Las joyas del pobrecito

hablador que nunca calla

son labrantío de argento,

cuyo valor disminuye

ante el resplandor dorado

que emana quietudes tántricas.

Desflorar el silencio significa

asumir un papel de varón recto,

derramado en caricias y palabras,

regente de intercambio entre dos mundos,

rasgador penetrante de blancura

amorosa, turgente, lisa, incógnita.

La cumbre vertiginosa

abisma a quien la contempla

desde otra nube más alta,

persiguiendo en perspectiva

acertar en diana plena

dentro del pozo más negro,

dentro del rojo más vivo,

instalados a kilómetros;

Las noches sin gemidos

crían llanto y desencanto,

las noches sin vocablos

dan espanto.

La lucha compulsiva

con los moldes y la tinta

exige dedicación

de exclusivo sacrificio.

El arpón del cazador

pretende aguijonear,

con espuelas de carbón,

los vacíos del sonido,

recobrar a hurtadillas

presas de aniquilamiento.

Desde la torre sin cima

se afana el escultor

por guarnecer con satén

un espíritu aspérrimo

tan henchido de vacío,

lleno de puro sentido.

Un chispazo costurero

justifica todo empeño

de querer decir sin voz,

de vocear sin decir.
© by I.M.C.